viernes, 5 de diciembre de 2008

DECADENCIA


Decadencia. Ésa es la palabra clave de los tiempos que se viven. La decadencia siempre opera como una señal anticipatorio de lo que viene. Decadencia en las artes, en la filosofía, en la literatura, en la música que se escucha masivamente, en las religiones, en la escala de valores de las gentes. Decadencia.
Imágenes y simulaciones. Simulación de capitalismo competitivo cuando en realidad cada día las megacorporaciones concentran mas dinero y poder. Ello implica una progresiva imposibilidad de libre competencia en cada vez mas mercados. Escandalosas operaciones económicas. Partidos políticos indiferenciados, izquierda y derecha que se entrecruzan, cambian de roles y se miran al espejo, proyectando la misma imagen. Políticos cada día mas parecidos, casi clonados entre si.
Basta con encender el televisor para ver cada vez mas la repetición al infinito, a toda hora, de los crímenes que se producen en las ciudades, en las periferias, que ayudan a encubrir las verdaderas noticias que permanecen ocultas tras el efecto hipnótico de la televisión, donde ya se pude ver casi cualquier basura travestida de noticiario, de programa periodístico, de espectáculo, de entretenimiento, o de parodia de la realidad
que se copia y copia a si misma.
Es suficiente con salir a la calle o ir a una discoteca por las noches, en cualquier ciudad importante del mundo, para ver como han cambiado las cosas; la juventud ha sido cautivada en buena medida por la cocaína, el éxtasis, el alcohol, la prostitucion y fenómenos aun mucho mas grotescos, tristes y preocupantes. Pero a la vez se presiente, se intuye, una confusa señal de necesario y saludable fin de fiesta que en algún momento deberá ocurrir.
El bombardeo desinformativo que recibimos de los medios cada día nos hace desconfiar más del vecino, del desconocido, del conocido, del semejante y del diferente. Relaciones sociales de grupos cada vez más cerrados en si mismos, amistades cada día más ceñidas al ciberespacio, email y al Chat.
El gran desarrollo tecnológico que se evidencia cada vez mas debe ser tomado como otra manifestación de la decadencia que impera y del ocaso que se avecina, dada la invención cada vez mayo de tecnologías superfluas y carentes de valor: cuando en un teléfono celular en miniatura se incluye filmadora, conexión a Internet, etc., o cuando se generan automóviles capaces de llegar a 300 kilómetros por hora, solo se desperdicia talento humano en aras de un consumo imposible.
Esos son los pobres límites de la nueva esclavitud que el capitalismo corporativo, amparado por la fachada perversa de la supuesta democracia representativa y republicana, llama libertad. Pocos, en realidad pueden ser libres, libres en serio – y asumen las consecuencias, que no son simples-, pero aun así no dejan de padecer – y a veces mucho mas- el sistema cruel que sufren e intentan desconocer quienes están de lleno inmersos en el.
Fragmento de "NADIE VIO MATRIX", Walter Graciano.




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