jueves, 15 de julio de 2010

Argentina, Irán, Alfonsin, el mossad, Inglaterra y otras especias...


La independencia energética de los Estados emergentes

La preocupación de Irán por su independencia energética data de hace 60 años. Ya en tiempos de la monarquía imperial, el primer ministro Mohammad Mosaddegh nacionalizó la Anglo-Iranian Oil Company y expulsó a la mayoría de los consejeros y técnicos británicos. Desde su punto de vista, similar al de otros súbditos del sha, el objetivo de su acción no era tanto recuperar una fuente de financiamiento como garantizar al país los medios necesarios para su desarrollo económico. El petróleo iraní debía garantizar el crecimiento de la industria iraní.

Considerándose perjudicado, Londres llevó el caso ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Y lo perdió. Los británicos recurrieron entonces a Estados Unidos para organizar un golpe de Estado [16]. Al término de la «operación Ajax», Mosaddegh fue arrestado y reemplazado en el poder por el general ex nazi Fazlollah Zahedi. El régimen del sha se convirtió entonces en el más represivo del planeta.
La Revolución Islámica que derroca al sha retoma aquella exigencia de independencia energética. Anticipándose al agotamiento de sus recursos petrolíferos, Teherán incluye en su vasto programa de investigación científica y técnica la investigación nuclear de carácter civil, teniendo sobre todo en cuenta que, según los geólogos iraníes, el país parece disponer en abundancia de uranio utilizable, riqueza más importante que el petróleo.

Al no disponer de combustible nuclear, Teherán lo obtiene gracias al presidente argentino Raúl Alfonsín. Se firman tres acuerdos con Argentina, en 1987 y 1988. Las primeras entregas de uranio enriquecido al 19,75% tienen lugar en 1993 [17]. Pero los acuerdos con Argentina se interrumpen por causa de los atentados de Buenos Aires, en 1992 y 1994, atribuidos a Irán pero probablemente perpetrados por el Mossad [israelí] que se había instalado en Argentina durante la dictadura del general Videla [18].
En 2003, Irán firma el Protocolo Adicional del Tratado de No Proliferación Nuclear, que toma en cuenta los progresos científicos. En virtud de las nuevas disposiciones, los firmantes deben notificar al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) las instalaciones que tienen en construcción, mientras que en el pasado no estaban obligadas hasta 6 meses antes de su puesta en marcha. Debido al cambio de reglas, Teherán confirma la construcción, entonces en marcha, de las nuevas unidades de Natanz y Arak. Como el Protocolo Adicional no incluye medidas transitorias para pasar de un sistema jurídico al otro, el entonces presidente Mohammed Khatami acepta discutir las modalidades con un grupo de contacto integrado por la Unión Europea, Alemania, Francia y Gran Bretaña (UE+3) y suspende el enriquecimiento de uranio como muestra de su deseo de resolver la situación.
Al ser electo como presidente de la República Islámica, a mediados de 2005, Mahmud Ahmadinejad estima que su país ha concedido al OIEA suficiente tiempo para la realización de las inspecciones necesarias para la transición y que el Grupo de los Tres ha retrasado el proceso de forma voluntaria como medio de prolongar indefinidamente la moratoria iraní. Y decide por lo tanto retomar el proceso de enriquecimiento de uranio.

A partir de ese momento, los europeos –que consideran con desprecio a Irán como el «régimen de los ayatolas» [19]– afirman que los iraníes han faltado a su palabra. La administración Ahmadinejad señala por su parte que, como todos los gobiernos del mundo, su compromiso es cumplir con los tratados ratificados por el parlamento nacional, no con la política de la anterior administración. Y comienza entonces el conflicto jurídico. Alemania, Francia y Gran Bretaña obtienen el apoyo del G8 y convencen a la Junta de Gobernadores del OIEA para que lleve el litigio al Consejo de Seguridad de la ONU.
El voto del 4 de febrero de 2006 en el seno de la Junta de Gobernadores del OIEA es una anticipación del que tendría lugar el 9 de junio de 2010 en el Consejo de Seguridad de la ONU. Las grandes potencias conforman un bloque mientras que Cuba, Siria y Venezuela votan en contra.
Furiosa ante la humillación, la administración Ahmadinejad decide retirar la firma iraní del Protocolo Adicional. Ese acto hace caducos los compromisos de la administración Khatami y cierra la polémica con el grupo UE+3. El Consejo de Seguridad de la ONU replica exigiendo una nueva suspensión del enriquecimiento de uranio (resolución 1696 del 31 de julio de 2006) [20]. A la luz del derecho internacional esa resolución carece de todo basamento jurídico ya que la Carta de las Naciones Unidas no autoriza al Consejo de Seguridad para exigir que un Estado miembro renuncie a uno de sus derechos para «restablecer la confianza» de otros Estados hacia él.

Desde entonces, Irán –con el apoyo de 118 Estados no alineados– se niega a someterse a las sucesivas exigencias del Consejo de Seguridad de la ONU basándose para ello en el artículo 25 de la Carta de la ONU. Esta estipula, en efecto, que los Estados miembros no están obligados a aceptar las decisiones del Consejo de Seguridad cuando dichas decisiones no se corresponden con el contenido de la Carta. Sutilmente, el debate jurídico internacional ha pasado, del control del programa iraní por el OIEA, a convertirse en una prueba de fuerza entre las grandes potencias y las potencias emergentes. O más bien ha regresado al punto de partida de los años 1950 ya que la cuestión del control por parte del OIEA no es más que un episodio en la lucha entre las potencias dominantes y el Tercer Mundo.

art.completo

El detalle de Argentina vendiendo uranio enriquecido a Irán, el atentado y todo ese menjunje me resulto muy interesante para entender un poco mas ese conflicto y porque aquí en Argentina.... interesante...

Referencias:

[16] All The Shah’s Men: An American Coup and the Roots of Middle East Terror, por Stephen Kinzer (John Wiley & Sons, 2003).
[17] «Iran looks to Argentina for nuclear fuel», por Kaveh L Afrasiabi, Voltaire Network, 9 de noviembre de 2009.
[18] «Washington pretende rescribir la historia de los atentados de Buenos Aires», por Thierry Meyssan; «Ataques terroristas en la Argentina 1992 y 1994: no fueron de origen islámico», por James Fetzer y Adrian Salbuchi; Red Voltaire, 13 de julio de 2006 y 9 de noviembre de 2009.
[19] Esta expresión es simplemente risible ya que Mahmud Ahmadinejad representa a los veteranos de la guerra entre Irak e Irán y no tiene nada que ver con el alto clero chiíta, que en su mayoría se opone a su política.
[20] «Resolución 1696 del Consejo de Seguridad», Réseau Voltaire, 31 de julio de 2006.

3 comentarios:

  1. no me gusta Irán, basta ver los crímines en su propio territorio en contra de su misma gente.

    Las justificaciones suenan absurdas.

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  2. con esa justificación Estados Unidos, Inglaterra e Israel te deben de gustar mucho menos...¿no?

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  3. muchos menos, no. Pero tampoco me gustan.

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